2 de febrero de 2010


Gustavo A. Cisneros

Responsabiidad Social Empresarial y la Lucha Contra la Pobreza en América Latina


Me siento muy contento de estar hoy aquí y participar como orador en esta prestigiosa serie de conferencias de Wertheim.

Quisiera comenzar esta presentación manifestando mi agradecimiento a Joyce Elam, Decano ejecutivo de la Escuela de Administración de Empresas, al profesor José de la Torre, así como a todo el profesorado y alumnado de esta distinguida institución académica  por su invitación.

Esta invitación, me brinda la oportunidad de expresar algunas opiniones sobre el tema de la pobreza y la lucha para combatirla, con especial referencia a América Latina, el papel del sector privado, y el compromiso de la Organización Cisneros con una estrategia de Responsabilidad Social Empresarial para hacer frente a este desafío.

Permítanme comenzar por tratar de colocar el tema en la perspectiva adecuada.

La pobreza es un fenómeno mundial, con la excepción parcial de países altamente industrializados, la pobreza extrema existe prácticamente en  todos los países del planeta. Sin embargo, no afecta a cada región del mundo por igual. Algunas zonas, como el África subsahariana, están completamente devastadas por la pobreza, mientras que otras, como América Latina, no se  ve afectada en la misma medida.

La mayoría de los países en desarrollo determinan su línea de pobreza como el valor de una canasta de alimentos básicos y productos de consumo esenciales no alimentarios. El Banco Mundial calcula una línea internacional de pobreza en función de la media de las líneas de pobreza de 15 de los países más pobres del mundo. Este ejercicio fue modificado por última vez con datos del 2005, resultando en una línea internacional de pobreza de 1,25 dólares al día.

De modo que esta situación a nivel mundial es evaluada con una referencia de datos de 675 hogares encuestados correspondientes a 116 países en desarrollo.

Con base en esta línea referencial, el Banco Mundial afirma que 1400 millones de personas viven en situación de pobreza.   Esto es mucho mayor que una cifra anterior según la cual 985 millones de personas vivían en pobreza en 2004, e indica que el problema es más persistente de lo que se pensaba anteriormente.

Sin embargo, dado el incremento de la población mundial, la tasa de pobreza  se ha reducido de 50% a 25% en los últimos 25 años.

Las nuevas cifras confirman que África ha sido la región menos exitosa del mundo en reducir la pobreza. Pero en números absolutos, es el Sur de Asia el que tiene la gente más pobre   con 595 millones, de los cuales 455 millones viven en la India. La tasa de pobreza, sin embargo, la tasa de pobreza se ha reducido en ese país de 60% a 40%.

China, por otra parte, ha  tenido un gran éxito en  disminuir la pobreza, con cifras que la han reducido en más de 600 millones, de 835 en 1981 a  207 en 2005.  La tasa de pobreza se ha derrumbado de 85%  a 15.9%, con el mayor descenso ocurrido en los últimos 15 a 20 años, cuando China se abrió a la inversión occidental, expandió libertades económicas y registró un auge en su zona costera. Eso también lo hizo la India, pero en un contexto democrático.

Es evidente que el reto de la pobreza es inmenso, pero los nuevos datos presentados por el Banco Mundial aún sugieren que el mundo podría alcanzar su objetivo de Desarrollo del Milenio en relación a este tema.

Como ustedes saben, en septiembre de 2000, 189 países firmaron la Declaración del Milenio, que condujo a la adopción de las Metas del Desarrollo  del Milenio. Se trata de ocho metas para las cuales se han establecido 18 objetivos numéricos, así como también se identificaron más de 40 indicadores cuantificables.

Dentro de esas metas, yo destacaría las siguientes en este contexto: erradicar el hambre y la extrema pobreza, alcanzar enseñanza primaria universal, reducir la mortalidad infantil y asegurar  la sostenibilidad del medio ambiente.

De acuerdo al director de la sección económica del Banco Mundial, Mr. Justin Lin, datos recientes tienden a demostrar que el mundo podría alcanzar sus metas del desarrollo del milenio de reducir a la mitad el nivel de pobreza de 1990 para 2015. 

Existen aproximadamente 540 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe, De éstos, 130 millones viven en condición de pobreza. Sin embargo, la situación ha mejorado en algunos países como Brasil y Chile, los cuales  están experimentando o han experimentado un alto crecimiento económico.

Desafortunadamente, y a pesar de que existe un cierto progreso, América Latina es una de las regiones menos equitativas del mundo.

En sus estudios sobre desigualdad en América Latina, el Banco Mundial reveló que la desigualdad reduce el impacto positivo de crecimiento en la reducción de la pobreza, y ha identificado varias áreas de acción, en particular: darle prioridad al acceso a una educación de calidad.

Considero que se trata de un hallazgo clave. La pobreza tiene muchas caras y distintas estrategias pueden contribuir a reducirla. No asumo una actitud dogmática en este asunto. El capitalismo autoritario ha  funcionado en China a un costo. El capitalismo democratico funciona en otros lugares. No debemos perder de vista que existe una dimensión ética cuando se analiza el crecimiento economico. Mis preferencias personales están en favor de la libertad individual, la prioridad de la educación, el desarrollo de capital humano y la lucha contra la pobreza.

Lo que es crucial es la comprensión de que para combatir la pobreza en forma eficiente debemos crear las condiciones institucionales, psicológicas y económicas que generan riqueza.

Por encima de todo, debemos mantener en mente que el trabajo duro y el sentido de responsabilidad nunca serán reemplazados como factores dinámicos que impulsan a los individuos y a las comunidades hacia adelante. Países muy avanzados no son ricos porque poseen recursos naturales sino porque sus ciudadanos tienen las actitudes correctas y las destrezas que los hacen productivos.

Entonces, podemos preguntarnos ahora, ¿cuál es el mejor esquema para alentar la productividad?

Yo mencionaría entre otros los siguientes elementos: sistemas educativos de alta calidad, libertad económica para las personas, derechos de autor, y un sentido de solidaridad entre los diferentes sectores de la comunidad.

En la fuerza de estos principios, la Organización Cisneros, como veremos ahora, invierte recursos considerables en la lucha contra la pobreza a través de la educación.

El problema de la pobreza tiene muchas dimensiones, incluyendo una psicológica; luchar contra la pobreza y superarla requiere que la persona que vive en esa situación se convenza que él o ella puede tener las habilidades necesarias para mejorar su suerte en la vida, y que la meta puede alcanzarse.

La educación es una herramienta  fundamental para alcanzar esos objetivos. Por una parte, la refuerza la auto confianza del individuo, y  por la otra, provee los medios para incrementar la productividad y eficiencia de las personas.

En el mundo cambiante de hoy, el conocimiento se ha convertido en el principal motor de creación de valor, y la mano de obra talentosa es el activo más valioso que un país puede tener. La inversión en educación  es por lo tanto una fuente fundamental de creación de riqueza y un dispositivo principal para combatir la pobreza.

Informes emitidos por el Programa para la Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Diálogo Interamericano, indican que en gran medida, las pautas de distribución desigual del ingreso en América Latina  reflejan el hecho que la región no ha hecho lo suficiente para invertir en educación de calidad para sus niños y adolescentes. Estos estudios estiman que la educación es responsable de alrededor del 40% del diferencial de crecimiento entre América Latina y  el Asia Oriental. 

Sin embargo, se están realizando esfuerzos importantes para mejorar esta situación, tal y como afirmó la Asociación para la Reforma Educativa en las Américas (PREAL) en un  reciente  informe que considero confiable. América Latina está trabajando duro para mejorar sus escuelas, y está haciendo progresos en algunas áreas. La mayoría de los gobiernos está tomando medidas para    incrementar la inversión, establecer y consolidar sistemas nacionales de pruebas, trabajar hacia estándares, y delegar la autoridad y la responsabilidad  de los gobiernos municipales y comunidades locales.

El principal logro de nuestra región en las últimas tres décadas en el ámbito de la educación, ha sido el aumento cuantitativo de la matrícula en la escuela básica, pero la calidad sigue siendo baja.

Las escuelas de buena calidad son cruciales para estimular el crecimiento y reducir la pobreza.

Debido a que estamos convencidos de ello, la Fundación Cisneros orienta la mayor parte de su labor en la mejora de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje en las miles de escuelas atendidas por nuestros programas.  Y digo esto  no para presentar estos programas como  una solución privilegiada para estos problemas gigantescos y complejos,  pero para mostrarlos como lo que realmente son: un  exitoso e ilustrativo ejemplo de una estrategia de Responsabilidad Social Empresarial de la contribución del sector privado al desarrollo económico.

Esta estrategia define nuestra naturaleza como grupo de empresas, y lo que quisiera ahora es describir brevemente lo que somos, cómo actuamos y con qué programas de la Fundación Cisneros  estamos avanzando en América Latina.

El primer punto que quisiera destacar sobre la Organización Cisneros es que es una organización empresarial privada, que se originó en el siglo pasado, y que su marca más importante ha sido la continuidad, y la perseverancia a través del  tiempo.  De hecho, para nosotros el año 2010 merece una consideración especial porque estamos celebrando nuestro octogésimo aniversario de actividad en el campo  de  actividad comercial sostenida, de 80 años de actividad en el campo de la innovación y de gestión empresarial a escala mundial.

La Organización Cisneros fue creada por mi padre, Diego Cisneros, a principios del siglo pasado.  Los que fueron  sus inicios empresariales se materializaron  a fines de la década de los 20 como una empresa de transporte que con los años  se convirtió en una corporación que ha participado en los más diversos campos de la producción mundial  y ha adquirido experiencia en mercados de distintos rincones del mundo.

He mencionado la continuidad a través de los siglos. Desde que comenzó, Diego Cisneros estampó una personalidad en nuestra organización, caracterizada por una visión empresarial moderna, un interés constante en el uso de las tecnologías más innovadoras, el comercio y las herramientas de mercadeo, con la cuidadosa selección y capacitación de recursos humanos y un sólido compromiso con la responsabilidad social empresarial de nuestras empresas.  

A medida que el grupo iba avanzando, procedimos para promover la educación, el progreso social y los principios democráticos en nuestro hemisferio. Lo que hoy se llama Responsabilidad Social Empresarial ha sido durante décadas un elemento esencial de nuestras operaciones.

Entendemos a la Responsabilidad Social Empresarial como un compromiso sistemático ético y legal, tanto nacional como internacional, para mejorar  el impacto social, ambiental y los derechos humanos en nuestras actividades empresariales, con la seguridad de que el crecimiento económico y el bienestar humano van mano a mano.

Esa es la forma como mi esposa Patty y yo lo entendimos. Basándonos en esta filosofía de actividad corporativa, comenzamos nuestro proyecto internacional a gran escala llamado ACUDE, el cual benefició a  trescientas mil personas que fueron alfabetizadas en los años 70 en Venezuela, un país que en ese momento tenía una población de unos 15 millones de habitantes. Ese programa fue llevado a cabo con la cooperación de varias de nuestras empresas, así como nuestra televisora y emisoras de radio, los cuales alentaron a la gente a participar en un proyecto educativo   participativo flexible y eficiente.

Nuestro compromiso social nos llevó a crear la Fundación Cisneros con la misión, como mencioné antes, de mejorar la educación en América Latina promoviendo la conciencia global  de la contribución  a la cultura global y estructurando y  dirigiendo  los programas de responsabilidad social empresarial de la Organización Cisneros, cuyos programas innovadores fortalecen el tejido social, promueven la libertad de expresión y el pensamiento democrático y afianzan el entendimiento entre las naciones latinoamericanas.

Durante estos años hemos orientado nuestro compromiso social a través de los programas educativos que operan en distintos países en el hemisferio.

Uno de nuestros programas emblemáticos es AME -Actualización de Maestros en Educación –, un programa en línea dirigido a maestros de educación básica que ha entrenado a más de 12000 maestros y está presente en 14 países latinoamericanos. Su  impacto ha beneficiado a aproximadamente  ochocientos mil estudiantes en el continente.  AME  aprovecha los recursos de medios de comunicación y la infraestructura de la Organización Cisneros para crear cursos  integrales de entrenamiento para maestros en la región,  mejorando así sus destrezas en temas fundamentales como Ética en la escuela, Educación para la Paz y la Resolución de Conflictos, Tecnología de Información y Comunicación y VIH/SIDA, entre otros.

La Fundación Cisneros también auspicia a cl@se, el primer canal educativo de América Latina dirigido a niños, jóvenes, padres y maestros.  La Fundación Cisneros distribuye su contenido a través de acuerdos firmados con autoridades educativas y empresas de telecomunicaciones. Cerca de cuarenta mil escuelas públicas del hemisferio tienen acceso a nuestra programación, y estimamos que cl@se llega a unos 500.000  hogares en la región.

Por otra parte, Piensa en arte, es un programa educativo basado  en la investigación de las artes visuales, cuyos talleres están diseñados para estimular a niños y jóvenes en destrezas de observación,  lenguaje expresivo y pensamiento crítico.  Este programa opera en cinco países de la región  y ha entrenado a más de  1.000 educadores beneficiando a más de  100.000 estudiantes.

Adicionalmente a los programas mencionados, algunos de los cuales cubren extensas partes de la región, también llevamos a cabo proyectos de Responsabilidad Social Empresarial adaptados a  las condiciones y necesidades de países específicos, como es el caso de República Dominicana. Estamos invirtiendo para garantizar que el progreso social de las comunidades donde operamos se conviertan en un eje de desarrollo positivo y exitoso para cada país en particular y sus habitantes.

Para empezar, me gustaría destacar nuestro apoyo para la participación de la multinacional canadiense Barrick Gold en República Dominicana,  una empresa de la que soy director la cual invertirá 4.6  mil millones de dólares en el país. Actualmente estamos trabajando a plena capacidad, y nuestro proyecto empresarial está en marcha con una extensa estrategia de  responsabilidad social para la cual la Fundación Cisneros ha ayudado a desarrollar  contenido educativo. Barrick  está haciendo esfuerzos para incrementar estándares académicos, como también lo estamos haciendo a través de la Fundación Cisneros en escuelas primarias y secundarias.

De hecho, ya tenemos un acuerdo de cooperación entre la Fundación Cisneros, Intel y Barrick que opera en Argentina, Chile y Perú orientada a crear cambios positivos en la dinámica de enseñanza y aprendizaje a través del uso de tecnologías para maestros y alumnos en escuelas de zonas rurales.  Ese acuerdo lo hemos llevado también a República Dominicana.

Una gran proporción de la inversión social en Pueblo Viejo está orientada a incrementar la productividad de lo campesinos, mejorar la salud, nutrición, la educación y la alfabetización de adultos. Estas inversiones sociales buscan incrementar los niveles de ingreso personal y mejorar la calidad de vida en las comunidades cercanas a la mina, además de apoyar el desarrollo nacional.

En general,  las inversiones de Pueblo Viejo Dominicana Corporation también ayudarán a desarrollar un proyecto que entrenará a más de 150 mujeres residentes de zonas rurales en temas como Negocios, Liderazgo y Contabilidad.

Al mismo tiempo, la Organización Cisneros ha emprendido un proyecto de turismo sostenible al más alto nivel, Tropicalia, el cual propone un desarrollo  responsable en la región oriental de República Dominicana. La inversión planificada de dos mil millones de dólares incluye una estrategia exhaustiva de Responsabilidad Social Empresarial, la cual ya está en curso bajo la dirección de mi hija Adriana Cisneros.

Hemos llevado los programas educativos de la Fundación Cisneros a esa área, creando un Programa de Recuperación de Escuelas, el cual reconstruye  la infraestructura  de los colegios, creando un ambiente más propicio para enseñar y aprender.

Nos llena de orgullo haber renovado tres escuelas en menos de un año, lo cual tiene un impacto en el desempeño de cerca de 1500 alumnos y 30 docentes. También hemos iniciado un curso de Alfabetización Digital para maestros, el cual ha sido muy exitoso en el entrenamiento de docentes en herramientas de tecnología de información.  Este curso es también esencial para cualquier persona pueda tener acceso a la amplia gama de cursos que ofrece el programa AME.
 
La sustentabilidad del ambiente es, por supuesto, junto con la educación, una de nuestras preocupaciones; por lo tanto la Fundación Cisneros y la Fundación Tropicalia, especialmente creada para ello, avanzan en el diseño y promoción de talleres de capacitación de agricultura orgánica para mejorar el uso de la tierra, agricultura sustentable y biodiversidad agrícola. 

Además de nuestros programas educativos, también estamos implementando proyectos sobre la sustentabilidad del ambiente y programas de microcréditos para promover industrias independientes en los Servicios y en los sectores de comercio y consumo.

Todos estos programas se originan de nuestra convicción sobre el vínculo fundamental que debería unir la actividad empresarial con responsabilidad social. 

Nos sentimos orgullosos de estos logros, pero también estamos conscientes de la dimensión de las tareas que tenemos por delante y de la magnitud del desafío. Es, sin embargo, un paso fundamental en la dirección correcta para identificar dónde está la raíz del problema, y para establecer nuestras prioridades en la lucha contra la pobreza.

En este sentido, considero que la educación está en primer lugar.
Antes de resumir brevemente lo que he dicho, me gustaría expresar my profunda preocupación sobre los trágicos eventos que han afectado recientemente a Haití, un país que merece todo nuestro apoyo y que es objeto de  toda nuestra solidaridad y la  ayuda generosa de parte de la mayor parte del hemisferio y la comunidad internacional.   Estos esfuerzos deben fortalecerse más aún, y nosotros en la Fundación Cisneros hemos comprometido todo nuestro apoyo, con la decisión de extender nuestros programas educativos a esa nación lo antes posible.

Finalmente, permítanme enfatizar lo siguiente:

El sector privado en América Latina debe comprometerse plenamente a una muy bien pensada estrategia de Responsabilidad Social Empresarial. Debe ser diseñada en forma adecuada y en la medida de lo posible implementada en la base de un diálogo y una asociación con el sector público. Igualmente debe estar inspirada por la visión de sociedades integradas por individuos libres y  responsables.

Para superar el reto de la pobreza se necesita crecimiento económico y creación de empleo, y éstos resultan en gran medida de mejoras en los sistemas educativos.

Gracias a todos nuevamente.


 

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