16 de diciembre de 2009


La Organización Cisneros rinde homenaje a empleados de Venevisión


Palabras de Gustavo Cisneros 

Señoras y Señores, Amigas y Amigos:

Con profunda alegría deseo darles la bienvenida a este acto, que tiene un  especial significado para todos nosotros.

En primer término, nos reunimos en el marco de la celebración de los ochenta años de existencia de la Organización Cisneros, así como de las actividades preparatorias dirigidas a conmemorar el centenario del nacimiento de nuestro fundador, Diego Cisneros.

En segundo lugar, el día de hoy nos toca el honor y el feliz propósito de homenajear a un destacado grupo de hombres y mujeres, que han crecido humana y profesionalmente en el seno de VENEVISION, dando sus aportes, concibiendo sueños y realizando proyectos en función de su progreso, el de sus familias, el de sus fuentes de trabajo, y desde luego de nuestra Venezuela.

En estos días que corren, alcanzamos ocho décadas de trayectoria creadora como grupo empresarial.
Se dice fácil pero implica mucho. Son muy pocas las instituciones o empresas que en nuestro medio logran una meta semejante, poniendo de manifiesto tanta perseverancia, convicción y continuidad.

El año próximo también celebraremos cien años del nacimiento de un empresario legendario, Diego Cisneros. Y digo legendario porque en su caso, se trata de una descripción ajustada a la verdad, y sin alarde alguno.  La suya fue, como lo proclama el título de su biografía, “Una vida por Venezuela”, y sus contribuciones a la prosperidad y modernización de este país son de suma importancia.

Lo que comenzó con los esfuerzos iniciales de mi padre, quien echó a andar a Venevisión en 1960, y a cuya memoria deseo dedicar estas palabras, se ha convertido hoy en lo que todos conocemos: un grupo empresarial pionero en numerosos ámbitos, con extenso y exitoso despliegue internacional, fruto de la labor de miles de personas comprometidas con el país, y empeñadas en hacer de Venezuela la nación generosa, próspera y pacífica que todos soñamos.

Los primeros pasos, como siempre ocurre, fueron modestos. Me refiero al servicio de transporte que Diego Cisneros estableció en la Caracas de 1929, una pequeña, espaciosa y apacible ciudad, muy distinta a la urbe  dinámica e intensa que ahora contemplamos. Ese año, Diego Cisneros cumplía dieciocho, y para hacer lo que se proponía, su madre tuvo que firmar documentos legales en su nombre.
Mi padre empezó a trabajar siendo muy joven, con una decisión y una perseverancia inquebrantables.

De esos primeros pasos surgió un sólido proceso que hoy nos ha traído hasta este punto. El rumbo de responsabilidad, integridad, constancia y compromiso que marcó Diego Cisneros ha continuado durante ochenta años, y con razón hacemos hoy mención de ese pasado, pues de nuestras raíces se nutre el presente y con base en ellas construiremos el porvenir.

Nuestra ya larga historia se ha nutrido de triunfos y dificultades, de avances y de obstáculos que siempre hemos buscado superar,  orientándonos por los principios que todos aplicamos en Venevisión, y que ya mencionamos: Responsabilidad, Integridad, Constancia, Compromiso.

El más profundo sentido de ese rumbo se mide en la plena realización personal y familiar de nuestros trabajadores, empleados administrativos y técnicos, profesionales y ejecutivos, en el orgullo que sienten por su labor, en su deseo de pertenencia y su ambición de mejorar. Y me refiero a los de hoy, los de ayer, y los que vendrán.
El presente, el pasado y el futuro se entrelazan cuando se trata de momentos como éstos.

Rindo igualmente tributo a la memoria de los compañeros y compañeras de Venevisión que ya no están entre nosotros, en especial a la memoria de nuestro querido Ricardo Peña, quien hasta hace muy poco estuvo con nosotros y quien por más de tres décadas nos dio ejemplo de constancia y excelencia.

Me regocijo, por otra parte, al felicitar a los que recibirán reconocimientos por su distinguida labor de años, y en algunos casos de décadas, en Venevisión y en nuestra organización en su conjunto, y expreso a las generaciones que empiezan a labrar su futuro todo el respaldo que merecen. Deben construir su sendero con esperanza, inspirarse en el pasado que conmemoramos y en el ejemplo de sus predecesores, y a la vez deben tener la audacia de innovar.

El ciclo recorrido por nuestras empresas, incluyendo singularmente a Venevisión, en Venezuela y fuera de nuestras fronteras, pone de manifiesto una decidida voluntad de adaptarse a los tiempos y responder con flexibilidad a los cambios del entorno, ajustando las estrategias con imaginación, sin jamás separarse de los principios que nos guían. A ello se suma nuestra perenne vocación de servicio público, respondiendo a las exigencias y aspiraciones de los consumidores, en un contexto global sujeto a permanentes y rápidas transformaciones.

A todo lo largo de su recorrido, y en el marco de las condiciones de cada coyuntura, nuestro grupo empresarial en general y Venevisión de modo particular, se han apegado a un modelo gerencial con características propias, sustentado en el trabajo en equipo, el cuidadoso análisis de los retos, la planificación detallada de las respuestas y el respeto hacia el talento y capacidad de las personas. Ese modelo se concreta en gestiones empresariales socialmente responsables, orientadas a generar trabajo, a ser solidario con la gente, a invertir y apostarle al futuro de nuestra Patria.

Nuestra querida Venevisión, es un emblema de nuestros valores, y a la vez un verdadero testimonio de la vocación pluralista de los venezolanos.

Cuando Diego Cisneros asumió, a partir de 1960, la tarea de sacar adelante esta planta televisiva, Venezuela vivía momentos muy difíciles, y de hecho Venevisión surgió como un instrumento y una vivencia democrática. Ese legado se traduce en una manera de pensar amplia y tolerante, que ha sido y sigue siendo elemento central en la evolución corporativa de la Organización Cisneros hasta nuestros días.

Ocho décadas de existencia nos permiten actuar con perspectiva histórica y visión de futuro. Considero que la paz y la reconciliación entre los venezolanos son hoy fundamentales. Nuestro mensaje, como lo ratificará mi hija Adriana, en cuyas capaces y ponderadas manos prosigue la conducción de nuestra ruta, es un mensaje de convivencia, de paz y reconciliación.

No podría ser de otra manera.
Lo que requerimos es progresar con el aporte y la contribución de todos, en un contexto de tolerancia alimentado por la voluntad de vivir en paz.
Así lo creo y estoy seguro que ustedes lo piensan de igual modo. El paso del tiempo y el curso de los eventos comprobarán que ésta es la vía que debemos transitar.

Me emociona dirigirles estas palabras en este recinto, en una Venevisión en la que di mis primeros pasos como ferviente aficionado de los medios de comunicación, aprendiendo de tantos admirados amigos y por supuesto de mi padre, quienes me enseñaron que un empresario se debe a su comunidad y a su país.

La ocasión demanda mirar hacia atrás, y lo hago con legítimo orgullo, y exige también vislumbrar el futuro. Les aseguro que me asomo al porvenir con total optimismo. Sigamos adelante con la esperanza puesta en Venezuela y sus nuevas generaciones.

Tengan fe y confianza en sí mismos.

Muchas gracias a todos.



Palabras de Adriana Cisneros de Griffin

Señoras y Señores:

Me sumo con inmensa satisfacción a la bienvenida que ya les expresó mi padre.

Me emociona estar de nuevo aquí, en estos espacios de Venevisión, lugares que con frecuencia visité durante mi infancia y adolescencia, y en los que aprendí lecciones que me han ayudado a crecer como ser humano y como profesional.

Fue aquí donde realicé mi primera pasantía en el Departamento de Prensa y
fuí una participante más de la entusiasta y fiel audiencia de Sábado Sensacional, y disfruté las presentaciones de la Maestra Gimena, del Carrusel de las Américas, y de muchos otros momentos y espectáculos. Fueron también numerosas las telenovelas cuya grabación y desarrollo seguí con atención e interés.

Venevisión me hizo descubrir un mundo de posibilidades, y entender la importancia del sano entretenimiento y la información balanceada.

Resulta gratificante reencontrarse con tanta gente amiga, así como conocer por vez primera a tantos otros, a quienes percibo como colaboradores, con los que espero también interactuar, y con los cuales deseo trabajar en función de un verdadero y productivo espíritu de equipo.

Es aún más grata la experiencia de hallarme entre ustedes por el significado de la ocasión que hoy vivimos. En lo personal, me siento responsable de darle continuidad al ya largo y fructífero rumbo que se encarna en nuestra organización empresarial y VENEVISION;  un rumbo que han trazado dos generaciones y que ahora se abre a un nuevo tiempo.

Entiendo que soy parte de una tradición con hondas raíces, de un presente de retos creadores, que a su vez se proyecta hacia un futuro de exigencias y posibilidades, frente a las cuales nos corresponde actuar con ánimo positivo y un optimismo a toda prueba.

Venezuela es mi Patria, y lo que aquí he asimilado en términos de lecciones de vida no se puede sustituir. De niña y adolescente, fui igualmente curiosa y atenta observadora de los esfuerzos de mis padres, de los logros y desafíos que se sucedían a diario y que en conjunto han llevado adelante a nuestro grupo empresarial.

De mis padres aprendí, entre otras cosas, dos importantes lecciones de VENEVISION.  En primer término, que un modelo de negocio exitoso no puede separarse de su entorno vital, de la sociedad donde germina y para la cual produce resultados. En segundo lugar, que el factor humano en todos sus aspectos, individual y social, es la clave del éxito empresarial.

La profunda vocación social que desde el mismo inicio del camino demostraron mis padres hacia Venezuela, ha dejado una huella indeleble en la visión de mis deberes y en mi perspectiva acerca de la misión del empresario. No concibo esa misión excepto como una tarea con profundo sentido social.

Siguiendo el camino señalado por mis padres, con el Programa ACUDE, y luego con la creación de la Fundación Cisneros con VENEVISION, entiendo nuestro modelo de negocio, estrechamente vinculado a su impacto social y ambiental  y dirigido a un progreso común.

A mi modo de ver, VENEVISION  es parte esencial de la sociedad, y es también responsable por la sociedad. Lo privado y lo público son aspectos de una realidad que debe funcionar armoniosamente.

De allí, que el eje de nuestros esfuerzos empresariales con VENEVISION  sea la Responsabilidad Social, y que en función de principios de solidaridad estemos desarrollando programas que fortalecen el tejido social, promueven el desarrollo sostenible de numerosas comunidades, y fomentan la tolerancia y la convivencia pacífica entre las personas.

Estos son los principios que deben sustentar nuestros esfuerzos,  que deben acompañarnos en nuestro desempeño personal y profesional, y que deben guiar nuestro aporte a la Venezuela próspera, pacífica y democrática que anhelamos.
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En eso estamos y por ese rumbo seguiremos. Ese es nuestro mensaje y es la misión que asumo desde la posición que ahora ocupo, acogiendo el aporte que todos ustedes, desde sus diversas actividades y en los distintos planos de labor que llevan a cabo, han forjado a lo largo de los años en  VENEVISION  y la Organización Cisneros.

Felicito muy cálida y sinceramente a todos los hoy homenajeados. Han cumplido sus tareas con honestidad y eficiencia y se han esforzado por mejorar como individuos, para ser leales y útiles a sus familias y a su país. El merecido reconocimiento que hoy reciben, simboliza un logro personal que requiere ser atesorado y multiplicado.

Creo que es válido y oportuno que aprovechemos este momento para presentar y dar la bienvenida al nuevo logo de nuestra Organización, que apunta a simbolizar y proyectar gráficamente nuestros valores de Responsabilidad, Integridad, Constancia y Compromiso.

En medio de las actuales circunstancias, un acto como éste pone de manifiesto que nuestro país sigue avanzando, que tenemos mucho de lo que sentirnos orgullosos, que las generaciones van una tras otra construyendo los senderos, acumulando experiencias y sabiduría, y finalmente que el aprecio y respeto por el pasado nutre la labor presente, y nos permitirá conquistar un mejor futuro.

Muchas gracias.

 

 


 


 

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