27 de noviembre de 2007


Gustavo Cisneros

“Un modelo de negocios para hacer a América Latina más competitiva”


Gracias, Ricardo. Es un placer y un desafío hablar junto a tan distinguidos presidentes y empresarios quienes no sólo han hablado sobre cómo construir economías y empresas competitivas, sino que también lo han hecho, y deseo felicitarlos por eso.

Y gracias, Secretario Gutiérrez por estar aquí con nosotros y brindarnos la perspectiva de Estados Unidos sobre competitividad y creación de riqueza. Su presencia y participación en esta importante discusión levanta el telón de nuestra intervención sobre la que espero tengamos éxito.

Deseo especialmente felicitar a los líderes políticos que honran este encuentro hoy. Enfrentando tres desafíos importantes en España, México y Perú, los presidentes Aznar, Fox y Toledo actuaron con valentía, inteligencia y excelencia. El reciente progreso que se puede apreciar en esos países no habría ocurrido sin ellos.

Debemos igualmente felicitar al Presidente de la Universidad de Georgetown, John DeGioia, el Decano George Daley y el profesor Ricardo Ernst por ser los anfitriones de esta conferencia sobre competitividad en América Latina, la cual es oportuna.

He pensado mucho sobre cómo mejorar la competitividad de América Latina ofreciendo acceso a las herramientas de creación de riqueza para los 200 millones de personas que se encuentran en condición de pobreza.

Nadie puede sentirse satisfecho ante la pobreza existente en América Latina en los últimos veinte años. Tenemos que trabajar en forma más eficiente al respecto, y. eso significa producir resultados, eso significa que las personas pobres deben convertirse en productores de riqueza.

Desde 1800, la sociedad ha incrementado su PIB 5.4 veces en los países pobres y diecinueve veces en los países ricos. Ese crecimiento vertiginoso, si bien ha sido positivo para 6.4 billones de personas que ahora tiene el planeta, también creó la brecha entre naciones ricas y pobres. Y esa brecha continúa incrementándose.

Antes de 1800, el mundo estaba atrapado en la trampa Maltusiana, tal y como lo describe Gregory Clark en su obra “A Farewell to Alms.” En esa trampa, la población y el crecimiento económico avanzaron apenas a razón de uno a treinta veces con respecto a la tasa moderna.

Durante miles de años, la gente se acostumbró a la falta de crecimiento de la misma forma en que en el mundo desarrollado nos acostumbramos a un gran crecimiento en apenas ocho generaciones desde 1800.

A nivel global, los principales beneficiarios de este vertiginoso crecimiento incluyeron miles de millones de personas, no sólo los pocos que estaban en la cima, lo que se conoce como hechos económicos.

Pero ¿qué pasa con los miles de millones que se encuentran atrapados en la trampa Maltusiana donde la tasa de crecimiento es sombría o no existe, y donde los populistas utilizan la guerra de clases para afilar los dientes de dicha trampa?

La solución evidente para la pobreza es la creación de riqueza. El problema es cómo proporcionar a los pobres las herramientas; yo considero que el sector privado puede ayudar.

Esas herramientas son educación, propiedad privada, empresas, créditos, información y destrezas gerenciales o destrezas para la propiedad. De todas ellas, la educación es la madre de todas las demás y tiene la mayor prioridad.

Podemos otorgar acceso a las herramientas de la misma manera en que desarrollamos cualquier negocio exitoso. Permítanme darles algunos ejemplos.

Muhammad Yunus del Banco Grameen Bank produjo $7 mil millones de dólares de nueva riqueza en Bangladesh otorgando préstamos a un promedio de doscientos dólares por cada préstamo para prestamistas que se convirtieron en los propietarios de los  bancos. Eso dio inicio a la revolución del micro crédito, y demostró que el capitalismo moderno puede hacer milagros para los sectores más pobres.

Chile, Costa Rica, México, Perú y Brasil, entre otros, han implementado estrategias económicas competitivas que redujeron la pobreza al tiempo que impulsaron a sus habitantes en una ola creciente de libertad económica. Su estrategia común fue comprometerse con la globalización, utilizar beneficios nacionales, y equipar a poblaciones enteras para competir en el mundo moderno. Sin embargo, debemos reconocer que en cada uno de esos países existen populistas luchando contra nuestro progreso.

La televisión y la telefonía celular están ampliamente disponibles para los pobres en toda América Latina. Una vez que la computadora personal se encuentra en hogares pobres, las herramientas claves de la información para la creación de riqueza estarán presentes, limitados únicamente por nuestra imaginación. De modo que pongamos nuestra imaginación a trabajar.

En las palabras de Carlos Fuentes, “La revolución de la tecno-información puede radicalmente modificar las condiciones de vida (de los pobres)… Nosotros los latinoamericanos debemos empuñarlas como si fueran dagas…para liberar los talentos personales y las habilidades  de los ciudadanos quienes de ninguna manera están condenados a la ignorancia y a la miseria”.

Nosotros estamos tratando de hacer lo que Fuentes afirma a nuestra discreta manera. La iniciativa Actualización de Maestros en Educación (AME) de la Fundación Cisneros está a la vanguardia del aprendizaje a distancia para miles de maestros en toda Latinoamérica.

Junto con Cl@se es el primer canal educativo pan regional no comercial del mundo estamos llegando a treinta mil escuelas, 1.5 millones de estudiantes y 7.2 millones de televidentes potenciales hasta ahora. Cl@se  acaba de firmar un acuerdo con el presidente Alan García para transmitir en las escuelas peruanas, convirtiéndola a sí en la décimo primera nación donde opera Cl@se.

Esperamos que estos programas estén algún día en cada hogar de América Latina.

El sector privado también puede hacer una gran contribución distribuyendo 200 millones de pobres de América Latina en grupos de compañías de servicios organizados alrededor de destinos turísticos y áreas de desarrollo de recursos naturales. Tenemos que hacer una transición, de vender sólo productos de consumo a servicios de valor agregado que puedan crear más riqueza. La India lo hizo, y América Latina también puede hacerlo.

Considero que los pobres de América Latina esperan que nosotros los ayudemos a insertarse en lo que el sector privado conoce, las herramientas de creación de riqueza. Ellos saben que otros ya lo han hecho.

Cuarenta y cinco millones de hispano americanos produjeron más de un billón de dólares en ingresos en 2006. Eso es más o menos el mismo ingreso que generaron los sesenta millones de habitantes de España. Y tuvieron éxito utilizando las herramientas a las que los pobres no tienen un fácil acceso en América Latina. En Estados Unidos y en España se tiene acceso a Internet y al crédito, que son dos de los recursos de creación de riqueza  más activos del mundo.

De hecho, las remesas de los hispano americanos totalizaron 62.3 mil millones de dólares en 2006. Uno de los primeros desafíos con los que debería comprometerse el sector privado es hacer  que esas remesas  sean más eficaces.

Pero para tener éxito en cualquier negocio, tenemos que tener el modelo de negocio correcto.

El modelo correcto es el de ganar-ganar con creación de riqueza en una sociedad abierta y en una verdadera democracia, como en Estados Unidos, España o Chile.

El modelo equivocado es el de suma-cero con destrucción de la riqueza en una sociedad cerrada y en una democracia falsa, como se tenía en la Unión Soviética, y como se tiene en Cuba, y el que populistas intentan imponer en América Latina hoy.

El modelo de negocios correcto incluye tanto el interés privado y el interés público. Ambos son esenciales para el modelo de negocios. El interés privado es el de crear valor accionista y competitividad empresarial. Ustedes pueden hacerlo, los negocios prosperarán y las ganancias fluirán.

El interés público es que los empleados generen ingresos, generar beneficios para la comunidad, e impulsar el desarrollo sostenible. Háganlo y verán cómo los negocios se convierten en un factor positivo para la comunidad.

En un negocio el interés público y el interés privado tienen un valor mutuo. Están unidos totalmente.

El interés privado genera conocimiento, tecnología y destrezas financieras y gerenciales a la mesa.

El interés público trae la comunidad y los empleados a la mesa.

Una vez juntos en un negocio los gobiernos y las instituciones multilaterales pueden jugar un rol constructivo.

Si los pobres se convierten en generadores de riqueza, América Latina sería competitiva, pero si ellos no se convierten en productores América Latina no será competitiva.

Es tiempo para que el sector privado se siente frente a la mesa con los 200 millones de pobres de América Latina para hablar de negocios; cada uno de ellos es un empresario en potencia.

Es tiempo para que el sector privado haga lo que sabe hacer mejor con los pobres de América Latina como socios, como accionistas, como empleados, como gerentes y consumidores.

El sector privado está allí. Los pobres están allí. Pero podría ser que el tiempo para colocar las herramientas allí se esté agotando.

Esa es la razón por la que el pasado mes de septiembre durante la Conferencia de las Américas del Miami Herald hice un llamado para convocar una cumbre contra la pobreza en América Latina dirigida por el sector privado para demostrar cómo se pueden colocar en manos de los pobres de América Latina las herramientas para la creación de riqueza.

Estoy considerando un taller sobre las mejores prácticas que presente casos específicos y muestren su impacto en la pobreza.

Estoy convencido que podemos hacer una diferencia en América Latina si compartimos lo que sabemos.

Esta es la idea que ofrezco para nuestra discusión de hoy. Me gustaría escuchar las reflexiones de todos ustedes y lo que podemos hacer ante esto.

Muchas gracias.
Enviar a un amigo
De:
Para:
Caracteres restantes:

Imprimir página
© 2007-09 Organización Cisneros. Todos los derechos reservados. Términos Legales   .   Política de Privacidad